“Alejandro dijo que era momento de poner límites.”
Límites.
La palabra sonó elegante en boca de una mujer que jamás había pagado una hipoteca sola.
Alejandro apareció detrás de ella. Tenía los ojos de Tomás, la mandíbula de Tomás, pero no su corazón.
“Sí, mamá. Yo pedí el bloqueo”, dijo tranquilo. “Estás gastando sin control. Hay que proteger el patrimonio familiar.”
“El patrimonio familiar lo construimos tu padre y yo.”
Fernanda soltó una risita.
“Siempre lo mismo. Que ustedes sufrieron, que ustedes trabajaron. Ya estamos cansados de esa cantaleta.”
Entonces