Mi hijo congeló todas mis tarjetas para que ni siquiera pudiera comprar comida… Pensó que ya controlaba nuestro imperio automotriz de 720 millones de pesos, hasta que una llamada del banco me reveló que él no tenía idea de quién seguía teniendo la última llave.

“Alejandro dijo que era momento de poner límites.”

Límites.

La palabra sonó elegante en boca de una mujer que jamás había pagado una hipoteca sola.

Alejandro apareció detrás de ella. Tenía los ojos de Tomás, la mandíbula de Tomás, pero no su corazón.

“Sí, mamá. Yo pedí el bloqueo”, dijo tranquilo. “Estás gastando sin control. Hay que proteger el patrimonio familiar.”

“El patrimonio familiar lo construimos tu padre y yo.”

Fernanda soltó una risita.

“Siempre lo mismo. Que ustedes sufrieron, que ustedes trabajaron. Ya estamos cansados de esa cantaleta.”

Entonces