El Panadero Que Defendió La Dignidad De Un Albañil Y Cambió Un Barrio

dibujo calienta más que la cafetera.

Me reí.

Pero tenía razón.

Había algo en aquellas letras torcidas que cambiaba el aire del local.

“Aquí el pan sabe a casa.”

No decía “el pan está bueno”.

No decía “la empanada está rica”.

Decía casa.

Y para alguien que lleva toda la vida abriendo una puerta a las seis de la mañana, esa palabra pesa mucho.

Un sábado, casi al cerrar, Miguel apareció con Lucía.

La niña entró pegada a su padre, como si quisiera esconderse detrás de él.

Era menudita, con