niña me colgaba de su cuello sin importarme la ropa.
Se le quebró un poco la voz.
—Y el otro día, cuando vi a ese hombre, no vi a mi padre. Vi solo las botas. No sé en qué momento me convertí en alguien así.
La panadería estaba casi vacía.
Solo quedaba un hombre mayor eligiendo bollos al fondo, fingiendo que no escuchaba.
Teresa tragó saliva.
Continua en la siguiente pagina
—No sé si ese señor volverá.
—Volverá.
—¿Podría pedirle disculpas?
La miré durante unos segundos.
No por castigarla.
Sino