dejé de hacerme esas preguntas de esa manera.
La confianza no es estupidez.
El amor no es un defecto.
La esperanza tampoco.
El error habría sido descubrir la verdad y seguir negociando conmigo misma para no perder una vida que ya no existía.
Toqué la madera del piso.
—Lo intenté —dije en voz baja.
No sabía si hablaba con la casa.
Con mi matrimonio.
Con mi yo de treinta años.
Quizá con todos.
Apagué la luz.
Cerré la puerta.
Y me fui.
Tres meses después me mudé a un apartamento