A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

veces extraño quién creía que era.

Daniel asintió.

Entendía.

—¿Saldrías con alguien otra vez?

Me reí.

—¿Ya estás intentando casarme?

—Ni loco.

—Bien.

—Solo pregunto.

Miré por la ventana.

—No sé.

—Eso significa sí.

—Eso significa que si aparece alguien interesante, no voy a esconderme.

Daniel sonrió.

—Perfecto.

—Pero no me presentes a nadie de tu trabajo.

Se atragantó con la bebida.

Durante varios segundos los dos reímos.

Y entonces ocurrió algo extraño.

Me di cuenta de que podía bromear.

No sobre el dolor.

Pero alrededor de él.

Ya no