dependía de una fotografía en mi teléfono.
Me levanté.
Mientras caminaba hacia el coche recibí un mensaje de Daniel.
“¿Cena el domingo? Yo cocino.”
Respondí:
“Depende. ¿Vas a cocinar tú o vas a pedir comida y fingir que cocinaste?”
Contestó:
“Qué poca confianza tienes en tu propio hijo.”
Me detuve.
Durante un instante observé esa palabra.
Confianza.
Dos años antes me habría dolido.
Ahora sonreí.
Escribí:
“Confío en ti. En tus habilidades culinarias, no.”
Daniel envió tres emojis indignados.
Guardé el teléfono.
Y mientras salía del cementerio comprendí por fin