algo que mi padre había intentado enseñarme y yo había tardado más de treinta años en comprender.
Confiar en alguien no significa entregarle el derecho de decidir por ti.
Amar no significa cerrar los ojos.
Perdonar no significa volver.
Y haber compartido media vida con una persona no te obliga a entregarle también la mitad que todavía te queda.
Yo tenía cincuenta y ocho años.
Durante mucho tiempo había pensado que a esa edad las grandes decisiones ya estaban tomadas.
Que el amor importante ya había ocurrido.
Que la familia