A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

algo que mi padre había intentado enseñarme y yo había tardado más de treinta años en comprender.

Confiar en alguien no significa entregarle el derecho de decidir por ti.

Amar no significa cerrar los ojos.

Perdonar no significa volver.

Y haber compartido media vida con una persona no te obliga a entregarle también la mitad que todavía te queda.

Yo tenía cincuenta y ocho años.

Durante mucho tiempo había pensado que a esa edad las grandes decisiones ya estaban tomadas.

Que el amor importante ya había ocurrido.

Que la familia