callando.
No perdonando antes de tiempo.
No fingiendo que todo podía arreglarse.
Sino diciendo la verdad.
Aunque doliera.
Aunque destruyera apariencias.
Aunque me obligara a empezar de nuevo a los cincuenta y seis.
Dos años después, sé que fue la decisión más dolorosa de mi vida.
Y también la que me devolvió mi vida.