ir ahora.
—Tenemos que pensar.
—¡Mamá, acabo de ver a mi esposa salir de un motel con mi padre!
Su voz resonó entre las lápidas.
Se levantó.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¡No me pidas que piense como si esto fuera una reunión de trabajo!
Me puse de pie también.
—No te estoy pidiendo que no sientas. Te estoy pidiendo que no les demos ventaja.
Daniel se tapó la cara con ambas manos.
Durante unos segundos solo se escuchó el viento.
Después dijo:
—¿Cómo puedes estar tan tranquila?