víctimas de una mentira.
—Esta noche —le dije—, nada.
—¿Nada?
—Nada que ellos puedan ver.
—¿Quieres que vuelva a casa con Laura?
—Quiero que decidas si puedes hacerlo sin confrontarla.
Cerró los ojos.
—No sé.
—Puedes venir conmigo.
Daniel tardó en responder.
—Si no vuelvo, sospechará.
Tenía razón.
Entonces hizo algo que me sorprendió.
Abrió la conversación con Laura.
Escribió:
“La guardia está horrible. Creo que dormiré en el hospital cuando termine. No me esperes despierta.”
Se quedó mirando el mensaje antes de enviarlo.
—¿Seguro? —pregunté.
—No.
Lo envió de