A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

insistió.

Lo miré.

—¿Qué?

—No te acuerdas.

Sí me acordaba vagamente.

Ricardo había llegado a casa un sábado diciendo que había una chica nueva en administración, inteligente, educada, “demasiado buena para seguir soltera”.

Había bromeado con Daniel.

—Deberías invitarla a tomar café. A ver si por fin dejas de vivir en el hospital.

En aquel momento nos pareció el típico comentario de un padre deseoso de ver casado a su hijo.

Daniel me miró.

La misma idea acababa de golpearnos a los dos.

—Él nos presentó.

No dije nada.

—Papá