me reí.
No lo hice.
—Buenas noches, Ricardo.
Di un paso hacia las escaleras.
—No metas a Daniel.
Me detuve.
—¿Por qué?
Silencio.
Me giré.
—Me escribiste que si descubre cuándo empezó lo de Laura, voy a destruirlo. Explícamelo.
El rostro de Ricardo cambió apenas.
No esperaba que fuera tan directa.
—Estás sacando conclusiones.
—Entonces corrígelas.
—No es el momento.
—Para salir de un motel sí era el momento.
Su mandíbula se endureció.
—Baja la voz.
—Daniel no está aquí.
—Los vecinos.
Por primera vez en treinta y un años