ya lo sospechaba, escucharlo fue distinto.
—¿Antes de qué?
Ricardo guardó silencio.
—¿Antes de la boda?
Nada.
—¿Antes de que Daniel se comprometiera con ella?
Nada.
—Ricardo.
Me sostuvo la mirada.
—Antes de que se conocieran.
Por un instante, el mundo desapareció.
No el suelo.
No las paredes.
No la casa.
Todo.
—¿Qué?
—No hagas esto peor.
—¿Tú…?
Tuve que apoyar una mano contra el respaldo de una silla.
—¿Tú te acostabas con ella antes de presentársela a nuestro hijo?
—No fue así.
—¿Cómo fue?
—Estábamos terminando.
—¿Y por eso