trabajar en la empresa. Nos acercamos. Yo estaba pasando una mala etapa.
—¿Qué mala etapa?
—Tú y yo llevábamos años funcionando como compañeros de casa.
Me quedé mirándolo.
—Hace catorce meses celebramos nuestro trigésimo aniversario en Hawai.
Ricardo apartó la mirada.
—Un viaje no arregla una relación.
—Nunca me dijiste que necesitáramos arreglarla.
—Porque contigo no se puede hablar.
Aquello sí me hizo reír.
Una sola vez.
—Treinta y un años y acabas de descubrir que no se puede hablar conmigo justo después de acostarte con nuestra nuera.
—Sabía que