las escenas.
A las siete de la mañana llamé a Lucía Herrera.
Lucía había sido amiga mía desde la universidad y abogada de mi padre durante los últimos años de su vida.
No hablamos con tanta frecuencia como antes, pero cuando le dije:
—Necesito ayuda antes de hacer algo estúpido.
Su respuesta fue:
—¿Dónde estás?
Una hora después estaba sentada en mi cocina.
No pareció sorprendida cuando le conté la infidelidad.
Sí cuando le dije quién era Laura.
—¿Tu nuera?
—Sí.
—¿La esposa de Daniel?
—Sí.
Lucía dejó la taza