A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

miró como si quisiera atravesarme.

—Esta reunión terminó.

—Para ti, sí —dije.

Samuel llamó a seguridad.

Ricardo se rio.

—¿Vas a hacer que me saquen de la empresa que yo levanté?

—Temporalmente, hasta que termine la auditoría.

—Te arrepentirás.

—Quizá.

No aparté los ojos.

—Pero será mi arrepentimiento, no tu decisión.

Cuando salió, mis piernas empezaron a temblar debajo de la mesa.

Lucía puso una mano sobre la mía.

—Respira.

—Estoy respirando.

—No mucho.

Entonces me permití cerrar los ojos.

Solo diez segundos.

Después continuamos la reunión.

Laura pidió verme