palabras.
—Acabas de decirlas.
—Yo construí la mitad de lo que existe.
—Y cobraste por ello. Tuviste un salario, bonos y autoridad.
—Nunca propiedad real.
Mi padre.
Su advertencia.
No pongas todas tus decisiones en sus manos.
Por primera vez entendí que quizá papá no desconfiaba de Ricardo por celos de padre.
Quizá había visto exactamente esto.
Ricardo respiraba con fuerza.
—Daniel iba a heredar de todos modos.
—Sí.
—Entonces transferirle acciones ahora no cambiaba nada.
—¿Y Laura?
—Es su esposa.
—Y tu amante.
Nadie dijo una palabra.
Ricardo me