miró alrededor.
—Ricardo dijo que quería ayudarme a construir algo propio.
—¿Qué?
—Una empresa de organización y consultoría. Yo le dije que mi tía podía figurar al principio porque yo seguía trabajando para ustedes y no quería conflicto.
—¿Qué servicios prestaron?
—Algunos.
—¿Cuáles?
—Eventos. Proveedores. Análisis.
—¿Doscientos mil dólares en análisis?
Laura dejó de respirar.
No sabía la cifra.
Eso me indicó algo importante.
—¿Cuánto creías que habían pagado?
—No sé. Treinta. Cuarenta mil.
—¿Ricardo controlaba las facturas?
—Sí.
—¿Y el resto del dinero?
—No sé.
Por primera vez desde