A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

que llegó, su miedo parecía auténtico.

—Teresa, te juro que no sé.

—No me jures nada.

—Él me dijo que estaba preparando nuestra salida.

—¿Nuestra?

Laura tardó.

—Su salida conmigo.

Sentí un escalofrío.

—¿Después de tu boda con Daniel?

—Decía que necesitábamos tiempo.

—¿Tiempo para qué?

—Para que tú transfirieras las acciones.

Todo quedó en silencio.

No escuché las tazas.

Ni la música.

Ni las conversaciones.

—Repítelo.

Laura cerró los ojos.

—Ricardo decía que después de la boda tú ibas a darle una parte de la empresa a Daniel.

—Sí.