abrí.
Y sentí que el aire desaparecía dentro del coche.
“No metas a Daniel en esto. Si descubre cuándo empezó realmente lo de Laura, al que vas a destruir primero es a tu propio hijo.”
Leí la frase una vez.
Luego otra.
Y entendí que aquella traición no había empezado después de la boda.
Probablemente ni siquiera después de que Laura conociera a mi hijo.
Minutos después vi los faros del coche de Daniel entrando al cementerio.
Guardé el teléfono.
Mi hijo bajó corriendo.
—Mamá, ¿qué hizo papá?
Lo miré.