se lo conté a Daniel.
No omití nada.
Cuando llegué a la parte de las acciones, dejó el vaso de agua sobre la mesa.
—Entonces mi matrimonio…
No pudo terminar.
—No sé si todo fue un plan desde el primer día.
—No importa.
—Importa para ti.
—No.
Me miró.
Tenía los ojos rojos.
—Porque incluso en la mejor versión posible, empezó conmigo para darle celos a papá, me aceptó un anillo mientras se acostaba con él y pensaba divorciarse después de conseguir acceso a la empresa.
No pude contradecirlo.
—Soy