servicios sí se habían prestado.
Otros estaban inflados.
Otros no tenían respaldo suficiente.
Y aproximadamente ciento setenta mil habían terminado, a través de varias transferencias, en una cuenta vinculada a una sociedad inmobiliaria controlada por Ricardo.
Cuando Lucía me enseñó los documentos, sentí que llevaba semanas envejeciendo por años.
—¿Puede ir a prisión?
—No voy a adelantarte eso.
—¿Por qué?
—Porque dependerá de qué se demuestre, de las explicaciones contables y de qué autoridades intervengan.
Asentí.
Había algo casi reconfortante en la frialdad de Lucía.
No prometía venganza.
Prometía procedimiento.