Era otoño.
Llevamos flores nuevas a mi padre.
Daniel dejó una pequeña piedra sobre la lápida.
—El abuelo habría dicho “te lo dije”.
Me reí.
—Sin duda.
—¿Te molestaría?
—Muchísimo.
—A mí también.
Nos quedamos un rato en silencio.
Daniel había terminado legalmente su divorcio meses antes.
Laura se había mudado a otra ciudad.
No sabíamos demasiado de su vida.
Una vez envió una carta.
Daniel nunca me contó todo lo que decía.
Solo que pedía perdón sin pedir reconciliación.
Él guardó la carta.
No supe si algún día la