A los 56 años vi a mi esposo salir de un motel abrazando a mi nuera

tiraría.

Tampoco era asunto mío.

—Mamá.

—¿Sí?

—Estoy pensando en vender el apartamento.

—Hazlo si quieres.

—Creí que ibas a intentar convencerme de conservarlo.

—¿Por qué?

—Porque fue mi primera casa.

—También fue una casa en la que fuiste infeliz.

—No todo el tiempo.

Lo miré.

Sonreí.

—Entonces ya aprendiste.

—¿Qué?

—Que una cosa puede contener recuerdos buenos y aun así dejar de ser el lugar donde quieres vivir.

Daniel bajó la cabeza.

—Eso sonó demasiado a libro de autoayuda.

Le di un golpe suave en el brazo.

—Respeta a