se movían, ¿verdad? Qué casualidad volver a encontrarlo.
Su voz se volvió amenazante.
—Mañana será el velorio. Tiene hasta entonces para entregarme lo que escondió.
Cuando se marchó, comprendimos que disponíamos de muy poco tiempo.
Esa madrugada revisé los videos de nuestra boda publicados por los invitados.
En uno aparecía yo levantando la copa.
Un amigo me abrazaba inesperadamente, derramando parte de su contenido sobre mi camisa.
Minutos después me desplomaba.
Pero lo importante sucedía al final de la grabación.
Mientras todos corrían a auxiliarme, Valeria recogía mi copa del