Desperté en una morgue la mañana después de mi boda y escuché a mi esposa susurrar: “Si lo creman antes del mediodía, nadie podrá descubrir nada”. Todavía llevaba puesto el traje de novio y apenas podía moverme. Un vigilante me escondió mientras ella buscaba desesperadamente la copa del brindis. Cuando descubrí que mi propia hija la había recogido, tomé una decisión: aparecería en mi funeral, pero no llegaría con las manos vacías.

acepté porque tenía miedo de perder a mi hermano. Cuando supe que quería cremarte inmediatamente, comprendí que debía impedirlo.

Me dolió recordar cómo había rechazado sus advertencias.

—Perdóname por no escucharte.

—Lo importante es que estás aquí. Ahora vamos a demostrar lo que hizo.

Consuelo conocía a una familia relacionada con la Fiscalía de Jalisco. Gracias a esa ayuda pudimos contactar con el licenciado Mauricio, un funcionario que aceptó revisar urgentemente el caso.

Le presentamos la documentación médica, los videos, la copa bajo resguardo, las fotografías de Gerardo y la