las personas que lloraron mi muerte sepan quién organizó ese funeral.
Después de valorar los riesgos, acordamos que entraría acompañado y bajo protección de los agentes.
A las cinco de la tarde llegamos a la funeraria.
En la entrada había un letrero con mi nombre completo.
Arturo Mendoza. Descanse en paz.
Al verlo, sentí una extraña mezcla de rabia y tristeza.
En aquella sala había más de cien personas. Mis trabajadores, vecinos, familiares y amigos se habían reunido alrededor de un ataúd cerrado.
Había flores blancas, veladoras y una fotografía