Mi hermana le quemó la cara a mi hija de 14 años con una taza de té durante su boda y luego aseguró que había sido un accidente. “No exageres, es tu hermana”, me dijo mi madre delante de los invitados. Sin responder, llevé a mi hija al hospital. Cuando el médico vio las marcas escondidas bajo su cabello, pidió que cerraran la puerta y me hizo una pregunta que jamás imaginé escuchar…

manga.

—¿Has visto a Valeria?

—Seguramente está haciendo alguna travesura.

Detrás de ella apareció Ricardo, ajustándose la corbata.

—¿Qué estaban haciendo aquí los dos? —pregunté.

—Nada, Elena. Deja de imaginar tonterías —contestó él.

Entonces apareció Valeria.

Tenía los ojos enrojecidos, el cabello desordenado y una marca rojiza junto a la mandíbula.

—Mamá, vámonos. Ahora.

Corrí hacia ella.

—¿Quién te hizo eso?

Ricardo avanzó bruscamente.

—Valeria, entrégame tu celular.

Mi hija lo escondió detrás de su espalda.

—¡No te acerques!

—Soy tu padre y tienes que obedecerme.

—¡Entonces deberías haberme protegido!