manga.
—¿Has visto a Valeria?
—Seguramente está haciendo alguna travesura.
Detrás de ella apareció Ricardo, ajustándose la corbata.
—¿Qué estaban haciendo aquí los dos? —pregunté.
—Nada, Elena. Deja de imaginar tonterías —contestó él.
Entonces apareció Valeria.
Tenía los ojos enrojecidos, el cabello desordenado y una marca rojiza junto a la mandíbula.
—Mamá, vámonos. Ahora.
Corrí hacia ella.
—¿Quién te hizo eso?
Ricardo avanzó bruscamente.
—Valeria, entrégame tu celular.
Mi hija lo escondió detrás de su espalda.
—¡No te acerques!
—Soy tu padre y tienes que obedecerme.
—¡Entonces deberías haberme protegido!