muchísimo!
Corrí hacia ella y la abracé sin saber qué hacer primero.
Su mejilla izquierda estaba roja. El líquido caliente había escurrido por su cuello y alcanzado parte del hombro.
Mariana permanecía inmóvil, todavía sosteniendo la taza.
Cuando descubrió que los invitados la observaban horrorizados, comenzó a llorar.
—¡Fue un accidente! ¡Ella me empujó!
Pero yo había visto perfectamente lo ocurrido.
Una mesera se acercó rápidamente.
—Señora, hay que poner la zona bajo agua fresca. Ya pedimos una ambulancia.
Llevé a Valeria al baño y mantuve el agua corriente sobre