de aquella manera.
Cuando llegaron los paramédicos, examinaron a Valeria y recomendaron trasladarla inmediatamente a urgencias.
Al atravesar el jardín, encontramos a Mariana llorando junto a Ricardo.
Mi hermana quiso acercarse.
—Elena, déjame acompañarlas. Quiero ayudar.
Me interpuse entre ella y la camilla.
—No vuelvas a tocar a mi hija.
—Estás exagerando. Fue un accidente.
Valeria levantó ligeramente la cabeza.
—Tía, dijiste que ibas a enseñarme a cerrar la boca. Después me lanzaste la taza.
Mariana dejó de llorar.
—Estás confundida, Valeria.
Ricardo se acercó por el otro lado.
—Hija,