Mi hermana le quemó la cara a mi hija de 14 años con una taza de té durante su boda y luego aseguró que había sido un accidente. “No exageres, es tu hermana”, me dijo mi madre delante de los invitados. Sin responder, llevé a mi hija al hospital. Cuando el médico vio las marcas escondidas bajo su cabello, pidió que cerraran la puerta y me hizo una pregunta que jamás imaginé escuchar…

empezar por algo que mi madre siempre decía cuando éramos pequeñas:

—Elena, tú eres la mayor. Tienes que comprender a tu hermana.

Mariana era cuatro años menor que yo. Si quería mis juguetes, debía prestárselos. Si lloraba porque deseaba mi vestido nuevo, mi madre terminaba convenciéndome de regalárselo. Cuando cumplí quince años, incluso tuve que cancelar mi fiesta porque Mariana quería que le compraran una bicicleta.

Siempre había una razón para que yo cediera.

Crecimos así. Yo aprendí a sacrificarme para mantener la paz, mientras Mariana aprendió que bastaba con