ir.
Ella apretó mi mano.
—Tenía miedo de que me creyeras una mentirosa.
En el hospital, el médico examinó las quemaduras. Afortunadamente, no encontraron una lesión grave en el ojo, aunque debían vigilar la evolución de la piel del rostro y del cuello.
Mientras realizaba la exploración, el doctor apartó cuidadosamente el cabello de Valeria.
De pronto frunció el ceño.
—Señora, necesito preguntarle algo importante.
—Dígame.
—Su hija tiene marcas de presión en el cuello y una lesión detrás de la oreja. Estas marcas no corresponden a las quemaduras.
Me