quedé helada.
El médico miró a Valeria.
—¿Alguien te sujetó del cuello antes de que ocurriera lo de la bebida?
Mi hija comenzó a llorar en silencio.
—Mi tía Mariana.
Sentí que las piernas dejaban de sostenerme.
Valeria explicó que, mientras yo pronunciaba mi discurso, había encontrado a Ricardo y Mariana besándose cerca de la salida de servicio.
Activó la grabadora de su teléfono.
Ricardo se marchó primero, pero Mariana descubrió que Valeria estaba observándolos.
La agarró del cuello, la empujó contra una pared y exigió que borrara todo.
—Me