ignorarme?
Sentí que me faltaba el aire.
Ricardo respondió:
—Ya estás casada. Disfruta de tu marido.
—Mauricio me da estabilidad, una casa bonita y una vida cómoda. Pero tú sabes perfectamente a quién quiero.
—Entonces debiste esperar.
—Llevo dos años esperándote, Ricardo.
Se escuchó un beso, después unos pasos.
Entonces apareció la voz de Valeria.
—Aléjate de mí, tía.
—¿Nos estabas grabando?
—No me toques.
Después se escuchó un golpe seco, un forcejeo y la respiración entrecortada de mi hija.
—¡Borra eso inmediatamente! —gritó Mariana.
—¡Me estás lastimando!
—Si dices