nuestra declaración y aseguraron una copia de la grabación.
Cuando escuché el audio, comprendí que mi matrimonio había estado construido sobre una mentira mucho más profunda de lo que imaginaba.
Primero se escuchaba la voz de Ricardo:
—Mariana, no debiste llamarme aquí. Mauricio puede encontrarnos.
Mi hermana respondió:
—¿Ahora te preocupa Mauricio? Llevas toda la noche mirando a Elena.
—Ya terminamos, Mariana. Deja de hacer escenas.
—Yo hice todo por ti. Convencí a Elena de no investigar cuánto ganabas y de aceptar la pensión que ofreciste. ¿Y ahora vas a