acercara a nosotros.
Ricardo también intentó recuperar nuestra confianza.
Mandaba regalos, chocolates y mensajes cariñosos a Valeria.
Una tarde me llamó furioso.
—Mi hija no contesta mis llamadas. Tienes que explicarle que sigo siendo su padre.
—Ricardo, ella vio cómo intentaste quitarle su teléfono después de que la agredieron.
—Estaba confundido.
—Tu hija estaba herida. Tú estabas preocupado por una grabación.
Permaneció callado.
—Eso no significa que deje de quererla.
—Entonces tendrás que demostrarlo respetando sus límites y las decisiones de las autoridades. No puedes obligarla a confiar en ti.