hablaba de los campos.
Cuánta tierra hay.
Dónde está ubicada.
Quién la trabaja.
«Una mujer sola no puede gestionar tanta tierra. Tú eres fuerte. Ella tiene un techo bajo el cual vivir. ¿Qué más podrías querer?».
Yo quería irme.
Me habían aceptado para estudiar en Plovdiv. La carta seguía en el armario,
guardada entre dos camisas limpias.
Mi madre la había leído tres veces.
Luego, mi padrela
guardó.
«Estudiar no te dará las manos que necesitas para el trabajo