dieciocho
años.
Vivía a dos calles de distancia y estudiaba en el pueblo vecino.
Queríamos marcharnos.
No con un gran plan.
Solo con pequeñas promesas juveniles.
Yo iba a estudiar en Plovdiv. Ella iba a buscar trabajo y, después, apresentar su solicitud.
Hablábamos de tener un lugar donde vivir,
con una ventana que diera a la calle y una mesa sobre la que nadie golpeara jamás con el puño.
Cuando mi padre empezó a hablar de Stoyanka, le dije a Yana que no