sólo cambias para conseguir un resultado, el cambio depende de que recibas el premio.
—Tú no eres un premio.
—Exactamente.
Él caminó hacia la ventana.
—¿Ya no me amas?
—Sí te amo.
—Deja de decir eso.
—¿Por qué?
Se volvió.
—Porque hace que todo sea peor.
Lloraba.
Yo también.
—Lo sé.
—Si me amas, ¿por qué?
Me acerqué.
—Porque cuando imagino volver a nuestra casa como tu esposa siento miedo de convertirme otra vez en la mujer que siempre estaba explicando por qué sus necesidades también importaban.
—Ya no soy