sentado frente a la mesa, con el expediente abierto. Ricardo lo reconoció antes de que nadie dijera una palabra. Se quedó inmóvil en la puerta.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó.
—Lo que debí hacer antes: hablar con el dueño —respondió Salvador.
Patricia miró los documentos y los comprobantes bancarios. Luego miró a su esposo.
—Dime que esto es una equivocación.
Ricardo intentó acercarse a ella.
—No armes un escándalo. Yo lo iba a arreglar.
—¿Cómo ibas a arreglar seiscientos mil pesos recibidos por una casa que no es tuya?
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