años menor que él, lloraba desesperadamente a su lado.
Yo fui la primera en entrar después de escuchar sus gritos. Y aunque aquella escena parecía confirmar los peores temores de mi cuñada, había algo que ninguno de nosotros sabía todavía.
Algo que terminaría destruyendo a nuestra familia.
Pero para entenderlo, tengo que contar lo que ocurrió tres meses antes.
Me llamo Mariana, tengo 41 años y vivo en Guadalajara con mi esposo, Daniel.
Mi suegro, don Ernesto, tenía 70 años. Desde que mi suegra falleció, siete años atrás, vivía solo