de ella. El acuerdo no decidía una futura herencia, pero el matrimonio no había convertido la casa en propiedad compartida.
—Yo propuse que lo dejáramos por escrito —explicó Elena—. No necesito que Ernesto me regale una casa. Tengo mi trabajo y mi propia vivienda. Lo que quería era compartir los días que nos queden.
Patricia pasó lentamente las páginas.
—¿Desde cuándo existe esto?
—Desde antes de nuestra boda civil —respondió su padre—. Yo quería contártelo. Elena me pidió esperar, porque no quería empezar nuestra vida enseñándote papeles para que la