mi firma y recibió ese dinero fuiste tú. No vas a esconderte detrás de ella.
Elena, que había permanecido junto a la ventana, salió de la habitación y regresó con una carpeta azul. La colocó frente a Patricia.
—Antes de que volvieras a decir que vine por esta casa, quería mostrarte algo. Aunque ojalá nunca hubiera sido necesario.
Eran las capitulaciones matrimoniales firmadas antes de la boda: cada uno conservaría sus bienes. La casa y los ahorros previos seguían siendo de don Ernesto; el taller y el dinero de Elena,