escrituras, yo iba a culpar a Elena.
Ricardo apartó la mirada. Salvador mostró el comprobante del segundo depósito: quinientos mil pesos transferidos la mañana posterior a la celebración, mientras don Ernesto estaba hospitalizado.
—Mientras yo cuidaba a mi papá, tú estabas cobrando por su casa —dijo Patricia, con una voz tan baja que dolía más que cualquier grito.
—Me dijiste que debías unos doscientos mil pesos —continuó—. ¿Cuánto debes realmente?
Ricardo admitió que debía cerca de un millón ochocientos mil pesos. Había gastado anticipos de clientes para pagar deudas anteriores