y perdido contratos. Pensó que podría conseguir dinero con la casa, ganar tiempo y reponerlo después. Pero no tenía ningún plan para devolverlo.
—No robé por gusto —insistió—. Lo hice por nuestra familia.
—No vuelvas a utilizar esa palabra para justificar lo que hiciste. Una familia no se salva vendiendo a escondidas la casa de un anciano.
Don Ernesto pidió a Salvador que dejara constancia de todos los pagos y conversaciones. También solicitó recuperar los documentos por los medios adecuados. Daniel llamó a un abogado de confianza para saber cómo