“¡Se casó con mi papá para robarnos la herencia!”, gritó mi cuñada cuando encontró a su padre inconsciente junto a la caja fuerte abierta. Mi marido y yo habíamos organizado una pequeña boda para nuestro suegro de 70 años y su nueva esposa, veinte años menor, porque él ya no soportaba la soledad. Yo revisé las cámaras antes de acusar a nadie. Lo que apareció en esos nueve minutos cambió todas nuestras sospechas.

hizo que todos dejáramos de hablar.

Las escrituras originales de la casa habían desaparecido.

PARTE 2

La ambulancia llegó mientras Elena seguía temblando junto a la cama.

Mi suegro respiraba, pero apenas reaccionaba cuando le hablábamos. Los paramédicos lo trasladaron de inmediato al hospital.

Patricia aprovechó el trayecto para seguir acusando a Elena.

—Qué casualidad que las escrituras desaparezcan precisamente la noche de su boda.

—Patricia, todavía no sabemos qué ocurrió —intervine.

—¿Y tú vas a seguir defendiéndola?

Elena permaneció callada.

Lo que más me dolió fue escuchar a Daniel