dos hombres. De las mujeres, dos tenían el rostro intacto, pero las otras dos… bueno, el impacto, el río, las piedras. Ya te imaginarás. Entra tu marido. Le digo: ‘Señor, tenemos a dos mujeres sin identificar que coinciden con la edad de su esposa. Venga a verlas. A lo mejor reconoce alguna cicatriz, un lunar o la ropa’. Él se acerca a la primera camilla y la mira de reojo. Le ofrezco mostrarle las manos. Me interrumpe y dice: ‘No hace falta, la reconozco por el cabello. Es ella’. Yo
Mi propio esposo me declaró muerta en medio minuto ante un forense corrupto para quedarse con mis bienes y abandonar a nuestro hijo de once años en un internado de beneficencia, pero regresé al noveno día con el alma helada, abrí la puerta de la sala donde me lloraban con mentiras y le entregué una citación judicial mientras su amante intentaba huir con una maleta roja, demostrándole a todos los presentes que mi peor pesadilla no fue el río turbio, sino descubrir que el hombre que dormía en mi cama oraba cada noche para que nunca jamás volviera a despertar.