plástico; con la otra intentaba apartar a una de las enfermeras.
—¡Me están haciendo perder el tiempo! —gritaba—. ¡El esposo de la paciente me autorizó a traerle su medicamento!
—Aquí nadie puede administrar sustancias sin una orden médica —respondió la enfermera.
Daniel se quedó paralizado.
Yo miré a aquella desconocida y pregunté:
—¿Usted es Carolina?
La mujer giró la cabeza inmediatamente.
Su expresión cambió.
—¿Y tú quién eres?
—La nuera de la mujer a la que quiere acercarse con esa bolsa.
Carolina retrocedió un paso.
En ese instante apareció Arturo