detrás de nosotros.
—¡Déjenla pasar! ¡Yo le pedí que viniera!
Daniel se volvió hacia su padre.
—¿Tú la mandaste?
Arturo abrió la boca, pero no respondió.
La encargada de enfermería ya había llamado a seguridad. Dos guardias llegaron y pidieron a Carolina que permaneciera allí mientras aclaraban su identidad.
Ella intentó guardar rápidamente algo dentro de su bolsa.
Yo alcancé a distinguir una jeringa.
—¡No dejen que se lleve eso! —exclamé.
Carolina me lanzó una mirada llena de odio.
—¡Maldita metiche! ¡Por tu culpa se está arruinando todo!
Aquellas palabras