de la traición.
Mariana no quería solo destruir mi boda.
Quería destruir mi futuro.
En ese momento la puerta del salón principal se abrió y Claudia apareció.
—Es hora.
Respiré hondo.
Diego extendió la mano.
—¿Todavía quieres hacer esto?
Lo miré.
Vi miedo.
Culpa.
Amor.
Y verdad.
Por primera vez en todo el día, sentí claridad.
—Sí —respondí—. Pero las cosas van a cambiar.
La ceremonia comenzó diez minutos después.
La hacienda estaba llena de flores blancas y velas. Un cuarteto tocaba suavemente mientras los invitados se ponían de pie.